El HUV: un hospital de guerra

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Por Daniel A. Camargo G.
Nathalia A. Henao G.
Estudiantes de Comunicación PUJ-Cali

Contar la historia del Hospital Universitario del Valle (HUV) resulta fundamental, no solo por ser el hospital más importante del suroccidente colombiano, sino también porque sus pasillos y consultorios están llenos de relatos y recuerdos.

La propuesta del reportaje multimedia denominado HUV: un hospital de guerra surgió como un ejercicio de periodismo que muestra la gente del pacífico, una parte de la historia de la ciudad y el desarrollo de una institución pública sometida a múltiples crisis.

Este proyecto multimedia está conformado por cuatro secciones diferentes. La primera, llamada La historia clínica, presenta un recorrido histórico del HUV, mediante la recopilación de informaciones de prensa que narran sucesos relacionados con la construcción, desarrollo y la decadencia de la institución, presentadas en orden cronológico. El desarrollo de este apartado se realizó con base en archivos históricos de los periódicos El País, El Tiempo, El Relator y el Archivo del Patrimonio Fotográfico y Fílmico del Valle del Cauca. 

La segunda sección, denominada La Radiografía, brinda una contextualización cuantitativa acerca del funcionamiento y la administración del hospital, presentada en una infografía, como una forma más amena de mostrar los datos. Esta sección se desarrolló tras la investigación en diferentes entregas del informe de rendición de cuentas del año 2017 del centro de salud y la entrevista de un funcionario administrativo del hospital.           

La tercera sección, que se llama El Expediente Médico, surgió de la idea de presentar la historia de la institución a través de microperfiles. Es así como comienza con el testimonio de una enfermera, llamada Carmen Sierra, quien fue testigo de la construcción del HUV que coincidió con la explosión del 7 de agosto de 1956.

Para narrar lo que era el hospital antes de que entrara en vigencia la ley 100, se realizó el microperfil del médico Néstor Raúl Henao quien laboró durante 25 años en el centro asistencial, soportando los inicios de la crisis, pero también viviendo la buena época en la que se prestaban servicios a todos sin excepción.

También se entrevistó al médico Carlos Alberto Gamboa, quien desde su posición como funcionario administrativo del HUV conoce de primera mano la situación actual y sus implicaciones legales y económicas. Por último, se presenta el testimonio de Daniela Correa en calidad de practicante y participante de las protestas en defensa del HUV.

La cuarta y última sección de este reportaje denominada La Endoscopia, brinda al usuario una galería de imágenes de las instalaciones internas del Hospital, que complementan la experiencia informativa respecto al estado actual de la misma.

El contenido fotográfico de este reportaje es material propio y las fotografías de archivo tienen su origen del Archivo del Patrimonio Fotográfico y Fílmico del Valle del Cauca, recuperado de la biblioteca departamental.

En síntesis, la realización de este producto multimedia fue una experiencia enriquecedora, pues como comunicadores en formación, se logró recopilar información valiosa de una problemática de ciudad y de región que tiene un desarrollo histórico y subyace en la memoria de los caleños

El HUV es un patrimonio caleño que vale la pena conocer, y este producto no solo pretende ser informativo sino también crítico, pues muestra una realidad que afecta a gran parte de la población colombiana.

Cali 2 P.M

Por Jorge Manrique Grisales

La fiebre acompañó a Laura desde el lunes. Es martes 3 de octubre y Cali se mueve en medio de un sol de 32 grados. Si fueran siete grados más, igualaría la temperatura que marca el termómetro con el que Laura comprueba que su amigdalitis sigue implacable.

A esa misma hora, Carlos y Camila, con gafas deportivas para manejar el acoso del sol, llegan al Lago de la Babilla. Están convencidos que esta tarde el reptil les proporcionará la foto con la que impresionarán a todos los participantes de la expedición Cali 2PM.

Lejos de allí, Johan pide un cholao para mitigar la espera del entreno de natación en las canchas Panamericanas. Se lo come despacio para dar tiempo a que se abran las puertas en medio del bochorno de las dos de la tarde.

En un aula climatizada de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, un profesor y su monitoria observan atentos el desarrollo de esta actividad en la que participan en simultánea 24 reporteros con la tarea de contar la ciudad a las dos de la tarde.

Se encuentran distribuidos en distintas partes. Algunos prefirieron algo de verde como Angela, quien a pesar del calor, se puso el casco y se fue en bicicleta hasta el Lago de Las Garzas. Desde su móvil describió el calor, el sudor y el esfuerzo que le costó volver a montar nuevamente en una bicicleta que le prestaron. Hizo que una iguana posara para el grupo.

Por su parte, David se fue hasta el solitario estadio Pascual Guerrero, escenario de muchas batallas y que esa tarde estaba apacible y solitario, sin el acoso de los verdes y rojos que juegan allí.

Frutos rojos y muchas sonrisas encontró Nicolle en la plaza de mercado de La Alameda. Adentro, la sombra preserva la frescura de los vegetales expuestos e interminables hileras. El “país de las frutas”, puede pensar un extranjero viendo las fotos reportadas desde allí.

A medida que pasaban los minutos, el grupo de Whatsapp Cali 2 PM se fue llenado de voces, imágenes, videos y sensaciones de una ciudad que a pesar del calor se mantiene activa y sorprende con las palomas en plazoleta de la Gobernación, el almuerzo estilo Hare Krishna de Tania o los valientes que entrenan bajo el calor en el Parque del Ingenio.

El plan de Antonia implicó un viaje al pasado. Fue hasta su colegio y vio que muchas cosas habían cambiado, menos la sonrisa de su primito que estudia allí y que gustoso posó para la foto.

Mientras tanto, Laura toma una decisión contra el dolor de cabeza que se niega a desaparecer… Un analgésico fuerte que quizás la ponga a dormir. Envió la foto del reguero de pastas que le prescribió el médico y no la vimos más. En un intento por animarla, Juan Pablo, quien se encuentra en la Universidad del Valle, le dice que allí venden un producto muy bueno para la migraña.

Carlos y Camila siguieron con la cacería de la babilla. Mucho sol, paisaje, reflejos en el agua, pero nada del escurridizo animal al que Cali adora y no permite que saquen de allí.

Johan terminó su cholao y no aparecieron los deportistas al entreno. Quizás el calor los espantó. Lo cierto es que tomó fotos de la soledad del lugar y sus alrededores. A las dos de la tarde se vieron piscinas muy azules pero sin nadadores que rompieran el celofán de sus aguas.

Las tribunas, la cancha y hasta las tiendas de los clubes que funcionan en el Pascual hicieron parte del menú fotográfico de David, quien levantó la cabeza y divisó desde allí el edificio donde vive. Desafiando el calor decidió irse a pie hasta su casa.

En el templo restaurante krishna, Tania hace esfuerzos por comer algo del menú. Nos contó que los krishnas se casan únicamente para reproducirse y nos dejó en completa expectativa con ese extraño mundo que visitó a las 2 PM.  Eso sí, prometió que brindará a los interesados la dirección del lugar.

Después de dar vueltas por la manzana del saber y jugar con el ajedrez gigante de la Biblioteca Departamental, Daniel se centró en la familia que vende frutas allí, mientras que Nathalia revivió las tardes de muchos caleños por los lados del Parque Panamericano. Lo primero que sitió fue olor a marihuana.

Al cabo de un rato, la bicicleta de Angela volvió a la Javeriana. Estaba allí, parqueada, y su usuaria, sudorosa, pero feliz de haber realizado la actividad en el parque de Las Garzas.

Al filo de las cuatro, los mensajes se fueron haciendo más escasos en el celular. El último mensaje fue de Nathalia Henao que estuvo recorriendo la ciudad en MIO. Se le había acabado la batería de su teléfono. El profesor y su monitora hicieron las últimas recomendaciones y todo quedó allí para contar muchas historias de lo que fue Cali a las 2 PM. Pero en el ambiente quedaba una preocupación… ¿le habrá bajado la fiebre a Laura?

El papa Francisco en Colombia

Papa Francisco / Foto Pixabay

Estas son algunas facetas del tercer papa que visita a Colombia en toda su historia. Los productos fueron elaborados por estudiantes del curso de Periodismo Electrónico 2017-2 de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Colombia

50 datos de interés sobre el Papa Francisco

Por Stephany Mondragón


 

Sesenta años de la noche que Cali se deshizo en dinamita

Este es un especial desarrollado con la clase de Periodismo Electrónico 2016-1 de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali. Durante cuatro meses se investigaron los contextos y las historias que hacen parte de este reportaje multimedia publicado por el diario El Espectador al cumplirse 60 años de la explosión de varios camiones cargados con dinamita en el centro de Cali el 7 de agosto de 1956. 

 

 

¡Sácame de aquí!

Por: Valentina Botero P./

Son las 7:40 p.m. del 17 de febrero. El tráfico está imposible y voy retrasada a cumplir mi cita con Andrea, una estudiante de Administración de Empresas de octavo semestre de una prestigiosa universidad de Cali, a quien en cuestión de 20 horas la vida le dio un giro para siempre.

sacame2Al llegar a “Juan Valdez”, la veo sentada en una mesa con un café y un cigarrillo. Sus ojos están hinchados, su maquillaje corrido y su nariz enrojecida. Me senté en la mesa y tras un par de palabras, las lágrimas salieron. Andrea reniega sin parar. “…Todo fue muy rápido, todo fue muy rápido pero sé que fue lo mejor”, dijo entre lamentos.

Ayer, Andrea terminó sus clases a las 11:00 a.m. y decidió salir de dudas. Fue a un laboratorio clínico a realizarse una prueba de embarazo, “solo por si las moscas”. Era una casa típica de barrio. La encargada de hacer la prueba le pregunta todos sus datos, tiempo de retraso y si va a pagar $15.000 para que le entreguen los resultados ahí mismo o $10.000 para que sea mañana. Andrea da una dirección y teléfono equivocados. Entrega los $15.000 y responde: “…Mmmm creo que son 20 días”.
Andrea se calma un poco y prende otro cigarrillo. “Yo estaba muy tranquila, el cuento del retraso ya me había pasado antes. Pensé que solo era psicosis”. La doctora la hace pasar a un pequeño cuarto y le toma la muestra. “Espere en la sala que en 20 minutos se la entrego”. Mientras espera, Andrea lee una revista y planea en su mente el resto de día. Al poco tiempo le entregan el resultado. Ella lo dobla y se va.

Andrea mira hacia arriba y suspira. “Yo salí caminando a la calle sin ver el resultado. Lego de dos cuadras lo leí… Era POSITIVO; lo cerré inmediatamente y seguí caminando. Di dos pasos más y lo verifiqué… Era un POSITIVO, escrito con mayúsculas y todo. Me senté en un andén porque sentí que me desmayaba”.

Después de unos cuantos minutos, Andrea sale del shock en el que se encontraba. Tiembla sin parar, su cara está pálida y solo se coge la cabeza mientras la mueve de lado a lado diciendo no, no suelta la prueba y la sigue mirando como si así fuera posible cambiar el resultado.

Yo miro a Andrea y le pregunto por el papá del bebé que espera ¿Quién es? Ella sonríe mientras me responde: es Juan, mi ex novio de hace algunos años. No nos habíamos visto en meses hasta ese día y, pues, “un repaso al año, no hace daño”. Él estaba enterado de su retraso y le dijo “no sea boba, nosotros nos cuidamos muy bien como para que algo pase, deje la psicosis y pues si quiere salir de dudas me dice y vamos juntos y listo”.

Juan no sabía que Andrea se iba a practicar la prueba ese día. Él estaba en su trabajo como era la costumbre cuando recibió varias llamadas de Andrea y al ver que era tan insistente contestó. “Juan HP la cagamos”. El no entendía de qué le hablaba ella. En ese momento solo escuchaba gritos y un llanto desconsolado. “Andrea cálmate y explícame que pasa que no entiendo nada”. En ese momento oyó lo que no pensaría que escucharía sino hasta dentro de muchos años. “Guevón estoy en embarazo, la cagamos horrible”. Un silencio se apoderó de la llamada telefónica. Juan desconcertado pregunta: “¿Cómo? ¿Ya es seguro? ¿Pero qué paso?… No entiendo… Sabe qué, cálmese, no se vaya para su casa y más tarde la llamo”. Colgó sin escuchar lo que Andrea tenia para decirle.

Andrea hace un gesto de burla. “Ese man casi se muere. Se demoró media hora en procesarlo”. Al rato, y ya en un centro comercial, Andrea deambula con sus gafas oscuras y llorando sin parar. Juan mientras tanto, está al otro lado de la ciudad almorzando con sus compañeros de oficina. Después de dos horas se encuentran, deciden que lo mejor es no tenerlo. Buscan el consejo de amigos sobre dónde acudir.
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Al llegar a la clínica, Juan toma de la mando a Andrea y se anuncian en la recepción. Los estaban esperando. Cancelan los $30.000 que cuesta la consulta. Les entregan una ficha y los hacen pasar a una sala de espera en la que aguardan más parejas, en su mayoría todas con cara de angustia. A los cinco minutos, una doctora de nombre Carmen hace pasar a Andrea y a Juan al consultorio. Le preguntan toda la historia médica y la razón de su visita a la institución. Andrea responde mientras toma la pierna de Juan: “estoy en embarazo”. Inmediatamente se hace la pregunta de rigor “¿se estaban cuidando?” Juan responde: “sí claro, a Andrea le quitaron las pastas hace meses y pues usamos condón, nosotros lo usamos bien, desde el principio hasta el final y pues nunca nos pasó nada raro con eso, no entendemos que pasó”.

Carmen les dice: “muchachos el condón es muy seguro para la prevención de enfermedades pero para embarazo… Sólo sirve en un 50%… Y pues las pastas, de 100 mujeres que se las toman, 4 quedan en embarazo. Es por eso que siempre es bueno emplear dos métodos.”

La doctora sonríe y le dice a Andrea: «por ahora quédate tranquila, pasa a al baño te quitas la ropa y te pones la bata que encontrarás allí colgada”. Andrea salió del baño apenada mientras intentaba darle sentido a la abertura de la bata. Tras un examen físico detallado, la doctora apaga las luces y enciende el ecógrafo. Juan se acerca muy interesado en la pantalla, y para sorpresa de todos no se logra ver nada.

La doctora, un poco confundida, pregunta: “¿cuándo te realizaste la prueba? ¿Ya sabes cuánto tienes?”. Juan responde: “se la hizo hoy, y solo dice positivo… La tengo en el carro ¿quiere que se la muestre?”. Carmen se ríe y les pide que esperen un poco. Los manda de vuelta a la sala de espera y le pide a Andrea que tome mucha agua para volverla a revisar en 10 minutos.

Juan espera a Andrea mientras se viste. La toma de la mano mientras caminan. “¿Será que todo es falsa alarma y la prueba salió mala?”, pregunta. Andrea un poco confundida pero alegre le dice “pues ojala. Igual esperemos a ver qué pasa”. Juan sirvió vasos de agua para él y para ella sin parar. Andrea se burla y le dice “¿tú para que tomas agua? ¿también te van a hacer la ecografía?”. Él sonríe… “Es de solidaridad”, dice.

En ese momento Andrea se recoge el pelo y cuenta que los dos se tranquilizaron mucho. «Hablamos de todo un poco y nos abrazábamos sin parar».

La doctora vuelve a llamarlos al consultorio. Andrea se baja un poco el jean y hacen de nuevo la ecografía. Inmediatamente se ve el embrión. Juan salta de la silla y se acerca a la pantalla mientras señala “¿Eso es doctora?”. Andrea se sienta en la camilla y se asoma a la pantalla. “Yo quiero ver”, dice. Todos sonríen porque la imagen desaparece. La doctora entre risas le pide que se corra hacia abajo mientras Juan la toma de la mano. La imagen vuelve y los dos se miran desconsolados. “Si es ése, por medidas tiene 6 semanas y 4 días, ¿Qué quieres a hacer?”, pregunta la doctora. “Carmen yo no lo puedo tenerlo”, responde Andrea. Juan da su aprobación con la cabeza.

Después de un silencio, Carmen habla. “El procedimiento les cuestas $600.000 mil pesos, yo recomiendo que se lo haga cuanto antes. Los voy a pasar con la psicóloga, ella se encargara de explicarles el resto”.

En ese momento Andrea tenía mucho miedo. Sabía que era algo que debía hacer, pero tenía dudas en cuanto al procedimiento. La psicóloga la llamó. Era una mujer que tenía mucho afán por atenderla. No dejó entrar a Juan y se la llevó a una habitación. Durante 60 minutos la mujer le habló sobre lo que se iba a realizar. Era una procedimiento ambulatorio, no legal, en el que se interrumpiría voluntariamente un embarazo de seis semanas y cuatro días. Se haría con anestesia local, tendría una duración de 15 minutos y la recuperación sería de 15 días.

Una vez explicó toda la parte médica, la psicóloga prosiguió con la parte legal. Le explicó Andrea que ese procedimiento es ilegal, tipificado y penalizado como homicidio premeditado. Le planteó la posibilidad de que durante el procedimiento la Fiscalía podría llegar a allanar la clínica. Si ese caso se presentaba, se debería decir que le estaban practicando un procedimiento de aborto incompleto en el que la paciente había tenido una gran hemorragia y la clínica estaba finalizando un proceso natural. La señora habló sin parar y al finalizar todo su discurso solo dijo: “usted debe firmar un consentimiento con su pareja en el que están de acuerdo con que se realice el procedimiento. Es necesario que sepa que una vez usted se lo practique no hay marcha atrás, es por eso, Andrea, que necesito saber si usted está segura de su decisión y si su pareja la apoya. ¿Lo está?” Andrea contesto sin titubear “SI”.

Andrea enciende su quinto cigarrillo. Su mirada se ve plana como en una especie de shock tardío en el que se nota que no ha asimilado lo sucedido. Esta afligida, me mira fijamente y hace un gesto como de nada que hacer. Sigue hablando sin parar, como si al hacerlo se pudiera desahogar.

Al terminar con la psicóloga, Andrea se volvió a encontrar con Juan en la recepción. Lo abrazó por unos segundos y los interrumpió una enfermera que traía una agenda en su mano. “¿Entonces le parece si se practica el procedimiento mañana a las 9:00 a.m.?” Juan respondió sin consultar. “Si claro”. La enfermera separa la cita y les dice: “Les recuerdo que mañana durante el procedimiento usted estará con una psicóloga que la acompañará. Su pareja la deberá esperar en la sala. El costo del procedimiento se debe cancelar al llegar a la clínica y podrá hacerlo en efectivo o con tarjeta Visa. Por favor venga en ayunas, con ropa cómoda, traiga un panty de repuesto y varias toallas higiénicas.” La enfermera termina de hacer las recomendaciones. Juan y Andrea, consternados, se van.

“Me acuerdo que apenas me monté al carro empecé a llorar como una loca, no me podía calmar, Juan solo me abrazaba y no era capaz de decirme nada. Yo lloraba sin consuelo”, recuerda.

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Andrea hace un paréntesis en su historia. Hace gestos y sonrisas como de incertidumbre. “Es la hora que no sé cómo putas quedé en embarazo, Juan y yo siempre nos cuidamos, y nos cuidamos bien, no entiendo.” Reniega como si estuviera peleando con alguien. Mira el reloj, marca las 8:30 p.m. Hace 12 horas, ella estaba en embarazo; ahora está sentada en un café, fumando y hablando sin parar.

Juan la recogió a las 8:00 a.m en la esquina de su casa. Ella salió para “clase” como si nada. Se despido de su familia y se montó en el carro. Él se notaba un poco más aterrado. La saludó de un beso y se dedicó a hablar por celular. Debía avisar que no iría a trabajar en toda la mañana. Coordinó sus tareas y dio instrucciones durante todo el camino.

Al llegar a la clínica, Juan mira fijamente a los ojos a Andrea. En sus ojos se veía la incertidumbre. Él la abraza y hace un gesto de aprobación. “Vamos ya, nos están esperando”. Andrea aterrada se baja del carro y antes de entrar se abalanza sobre Juan. “Por favor no me vas a dejar sola, tengo un susto ni el hijueputa”. Él se detiene nuevamente, le da un gran beso y le hace saber que él estará ahí.

Entran de la mano a la clínica. Firman y ponen la huella en el consentimiento que aclara que la clínica no tendrá repercusiones legales en caso de muerte o accidente durante el procedimiento. Esto pone más nerviosa a Andrea. Ella sólo se aferra a Juan y él no dice mayor cosa. La recepcionista llama a una enfermera mientras Juan cancela los $600.000 mil pesos en la caja.

Andrea mira todo a su alrededor y al poco tiempo llega una mujer. “Hola Andrea, por favor acompáñame. Tu pareja se puede quedar en cualquiera de las salas de espera. ¿Trajiste todo verdad?”. Andrea asiente con la cabeza y mira aterrada a Juan. Lo abraza fuerte con sus ojos encharcados y le da un beso de despedida. Juan pregunta “Más o menos cuento dura”. La mujer responde “puede ser una hora o dos, todo depende de ella y su recuperación”. Juan se muestra fuerte y relajado. Le sonríe a Andrea mientas ella camina hacia una pequeña puerta de madera blanca.
Al entrar hay un olor a incienso, ruda y palo Santo. Se encuentra con una pequeña sala en la que hay vistieres y baños. Le dan indicaciones de quitarse toda la ropa y ponerse una bata. Le asignan un locker para guardar sus pertenencias. Andrea no habla, simplemente hace lo que le piden.

Una mujer va a buscarla. Se presenta como Natalia, la psicóloga que la acompañará durante todo procedimiento. Ella tiene una voz suave, cálida y pausada. Toma a Andrea de la mano y la lleva hasta el quirófano, un cuarto con temperatura helada que también huele a incienso. Tiene un mesón del lado izquierdo en el que se ven todos los instrumentos que se utilizarán durante el aborto. Hay música de relajación de fondo. Hay una camilla negra con estribos como de la segunda guerra mundial, una lámpara quirúrgica tamaño familiar, una cobija de lana a cuadros de color verde y azul y al lado, en el cuarto continuo, se puede ver la maquina aspiradora, una balanza y un microscopio.
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Natalia le indica a Andrea, paso por paso, lo que debe hacer. Le da instrucciones de acostarse en la camilla, poner sus pies en los estribos y relajarse, sobre todo relajarse. Una vez Andrea está acostada y cualquier cosa menos relajada, Natalia le sube bien la bata, ajusta la altura de la camilla y se sienta a su lado, le toma la mano y habla: “En este momento es necesario que empieces a respirar, de esto depende que te relajes y que todo te duela menos… Respira muy profundo y quédate tranquila que todo estará bien”.

En ese instante entra bruscamente por la puerta un hombre de dos metros de estatura y 95 kilos de peso. Esta vestido de azul turquí y tiene un delantal plástico amarillo, de los que usan los carniceros, acompañado de sus respectivas botas pantaneras. “Mi nombre es Elmer y soy el médico que realizará el procedimiento”. Andrea mira con miedo a Natalia. Ella le sujeta con más fuerza su mano…  “Tranquila… Respira”.

Andrea habla mirando un punto fijo en el horizonte. Se le salen unas cuantas lágrimas.

El médico se prepara y el procedimiento inicia. Primero la desinfectan y le introducen un espéculo que queda mal puesto generando dolor innecesario.  Andrea se queja y Natalia se lo hace saber al doctor, quien reacomoda el aparato y continua. Pone anestesia local. Andrea no siente mayor cosa. El médico se pone de pie y Natalia dice: “En este momento estamos esperando que la anestesia haga efecto. Respira y quédate muy tranquila”. El médico agarra unas cosas del mesón y se pone a trabajar. Toma el dilatador. Este le causa mucho dolor e incomodidad a Andrea. Natalia le habla y le dice que es necesario que no cierre los ojos. Le pide que la mire fijamente mientras le toman la presión arterial.

Después de unos segundos, el médico introduce la cánula de succión. Andrea siente que se va a desmayar. Siente un cólico intenso y un fuerte movimiento. Ella respira muy profundo. Sus ojos se cierran del dolor, suda frío y tiembla. Natalia le habla, la alienta y la sujeta fuertemente mientras el médico extrae el embrión de su cuerpo. Durante cinco minutos se hace el mismo procedimiento de succión. Después. Elmer se pone de pie y se dirige al cuarto contíguo.

Natalia habla con su voz suave: “Ya pasó lo peo. Ahora él va a revisar en el microscopio la muestra. La va a pesar para hacerse una idea de cuánto falta. Él va a volver y va realizar un poco más de succión pero esta vez será menos tiempo que la primera vez”.

El médico vuelve. Andrea está casi en shock. Repite el procedimiento pero esta vez duele mucho más y parece tardarse más. Andrea solo mira a Natalia sin hablar y se empieza a perder la conciencia poco a poco. Natalia se pone de pie y le toma la cara. “Por favor abre tus ojos, mírame ya estamos acabando, mírame y respira. Necesito que te quedes conmigo”. Andrea mueve la cabeza de un lado a otro como si le pesara, respira profundo y se escucha la voz victoriosa de Elmer: “ya termine”. Aplica un poco más de desinfectante, retira el especulo, se para de su silla y se va sin decir más.

Andrea sigue perdiendo la conciencia. Esta fría, pálida y sudorosa, el cólico no se va. Le toman de nuevo la presión. Está descendiendo un poco. Natalia se preocupa y aplica una sustancia de un olor muy fuerte en un algodón y se lo pasa rápidamente por la nariz. Andrea reacciona fuertemente, vuelve en sí.

Natalia se sienta a su lado y le toma la mano. “Ya pasó. Ya terminó todo. Ahora sigue la recuperación”. Le da instrucciones sobre cómo sentarse lentamente en la camilla para pasarla a otra sala pero nuevamente Andrea se desmaya. La deja descansar un poco más y la pasa en una silla de ruedas a un cuarto iluminado en la que suena de fondo la canción “Imagine” de “Los Beatles”.

Andrea está llorando. Pide agua. Se toca el vientre. En la sala hay aproximadamente 10 mujeres acostadas frente a frente y separadas por una pared de madera con acrílico. Le dan agua de panela con canela y le hacen tomar una pasta para el dolor. Ella solo llora y llora, no habla, el dolor es tan fuerte que no le dan ganas de nada. “En la sala de recuperación recuerdo escuchar a dos jóvenes hablar con la enfermera. Estaban muy frescas como si el estar ahí no implicara nada.Parecía una tertulia normal entre mujeres. Preguntaban sobre cuándo podrían retomar su vida sexual, sobre cuándo se les quitarían las nauseas, vómitos, desmayos, dolor en los senos. Se escuchaban tan frescas que me daba rabia. No entendía cómo era posible poder estar así después de haber abortado. En esa sala solo identifiqué a una como yo. Ella estaba justo al frente, era rubia. El dolor la tenía poseída, ella no lloraba, solo miraba a su alrededor y me miraba a mí. Yo seguía llorando”, recuerda.

Después de una hora, entró Carmen a la sala de recuperación.“Juan me envió a preguntar por ti. Está muy preocupado allá afuera. Me dicen que no se ha sentado en todo el rato. ¿Quieres que le diga algo”. Andrea volvió a llorar de nuevo y entre pucheros y lágrimas le dijo a la doctora: “dígale que un beso y que ya salgo para que nos vamos”.

Ligia, la enfermera, ayudó a vestir a Andrea. Le dio todas las instrucciones sobre los cuidados que debería tener. Le programó una cita de control, le entregó el medicamento y la despachó para su casa. Al salir entraban otras dos mujeres más, el ciclo continuaba. A lo lejos Juan la estaba esperando. Se abalanzó sobre ella y la abrazó con fuerza. Andrea llorando le dijo ¡SÁCAME DE AQUÍ!