Cali 2 P.M

Por Jorge Manrique Grisales

La fiebre acompañó a Laura desde el lunes. Es martes 3 de octubre y Cali se mueve en medio de un sol de 32 grados. Si fueran siete grados más, igualaría la temperatura que marca el termómetro con el que Laura comprueba que su amigdalitis sigue implacable.

A esa misma hora, Carlos y Camila, con gafas deportivas para manejar el acoso del sol, llegan al Lago de la Babilla. Están convencidos que esta tarde el reptil les proporcionará la foto con la que impresionarán a todos los participantes de la expedición Cali 2PM.

Lejos de allí, Johan pide un cholao para mitigar la espera del entreno de natación en las canchas Panamericanas. Se lo come despacio para dar tiempo a que se abran las puertas en medio del bochorno de las dos de la tarde.

En un aula climatizada de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, un profesor y su monitoria observan atentos el desarrollo de esta actividad en la que participan en simultánea 24 reporteros con la tarea de contar la ciudad a las dos de la tarde.

Se encuentran distribuidos en distintas partes. Algunos prefirieron algo de verde como Angela, quien a pesar del calor, se puso el casco y se fue en bicicleta hasta el Lago de Las Garzas. Desde su móvil describió el calor, el sudor y el esfuerzo que le costó volver a montar nuevamente en una bicicleta que le prestaron. Hizo que una iguana posara para el grupo.

Por su parte, David se fue hasta el solitario estadio Pascual Guerrero, escenario de muchas batallas y que esa tarde estaba apacible y solitario, sin el acoso de los verdes y rojos que juegan allí.

Frutos rojos y muchas sonrisas encontró Nicolle en la plaza de mercado de La Alameda. Adentro, la sombra preserva la frescura de los vegetales expuestos e interminables hileras. El “país de las frutas”, puede pensar un extranjero viendo las fotos reportadas desde allí.

A medida que pasaban los minutos, el grupo de Whatsapp Cali 2 PM se fue llenado de voces, imágenes, videos y sensaciones de una ciudad que a pesar del calor se mantiene activa y sorprende con las palomas en plazoleta de la Gobernación, el almuerzo estilo Hare Krishna de Tania o los valientes que entrenan bajo el calor en el Parque del Ingenio.

El plan de Antonia implicó un viaje al pasado. Fue hasta su colegio y vio que muchas cosas habían cambiado, menos la sonrisa de su primito que estudia allí y que gustoso posó para la foto.

Mientras tanto, Laura toma una decisión contra el dolor de cabeza que se niega a desaparecer… Un analgésico fuerte que quizás la ponga a dormir. Envió la foto del reguero de pastas que le prescribió el médico y no la vimos más. En un intento por animarla, Juan Pablo, quien se encuentra en la Universidad del Valle, le dice que allí venden un producto muy bueno para la migraña.

Carlos y Camila siguieron con la cacería de la babilla. Mucho sol, paisaje, reflejos en el agua, pero nada del escurridizo animal al que Cali adora y no permite que saquen de allí.

Johan terminó su cholao y no aparecieron los deportistas al entreno. Quizás el calor los espantó. Lo cierto es que tomó fotos de la soledad del lugar y sus alrededores. A las dos de la tarde se vieron piscinas muy azules pero sin nadadores que rompieran el celofán de sus aguas.

Las tribunas, la cancha y hasta las tiendas de los clubes que funcionan en el Pascual hicieron parte del menú fotográfico de David, quien levantó la cabeza y divisó desde allí el edificio donde vive. Desafiando el calor decidió irse a pie hasta su casa.

En el templo restaurante krishna, Tania hace esfuerzos por comer algo del menú. Nos contó que los krishnas se casan únicamente para reproducirse y nos dejó en completa expectativa con ese extraño mundo que visitó a las 2 PM.  Eso sí, prometió que brindará a los interesados la dirección del lugar.

Después de dar vueltas por la manzana del saber y jugar con el ajedrez gigante de la Biblioteca Departamental, Daniel se centró en la familia que vende frutas allí, mientras que Nathalia revivió las tardes de muchos caleños por los lados del Parque Panamericano. Lo primero que sitió fue olor a marihuana.

Al cabo de un rato, la bicicleta de Angela volvió a la Javeriana. Estaba allí, parqueada, y su usuaria, sudorosa, pero feliz de haber realizado la actividad en el parque de Las Garzas.

Al filo de las cuatro, los mensajes se fueron haciendo más escasos en el celular. El último mensaje fue de Nathalia Henao que estuvo recorriendo la ciudad en MIO. Se le había acabado la batería de su teléfono. El profesor y su monitora hicieron las últimas recomendaciones y todo quedó allí para contar muchas historias de lo que fue Cali a las 2 PM. Pero en el ambiente quedaba una preocupación… ¿le habrá bajado la fiebre a Laura?

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